Ecos de un Amor que Perdura
Lástima que al dormir no pueda soñarte,
que cada recuerdo nuestro
se aleja, se disuelve en la distancia del tiempo.
Lástima que ya no eres mío,
y que la soledad me envuelve desde tu partida.
Maldita soledad que insiste,
aunque ahora alguien más se preocupa por mí,
el único que me ama de verdad.
Permite que otros corazones me conozcan,
que mi alma aprenda a abrirse de nuevo.
Me estoy olvidando de ti,
quiero que tu recuerdo viva en el pasado,
no en cadenas que me retengan.
Hombre, ¿quieres que siga llevándote en mi corazón?
Solo dime…
lo aceptaré,
ya no llamaré,
ya no te buscaré,
ya no volveré a mirar los lugares donde estabas.
Ya no quiero que me llamen loca
por seguir amándote.
Con cada último suspiro que doy,
lástima que aún te extraño,
lástima que tu amor todavía resuena en mí.
Renacer entre Cenizas
Hoy cierro este capítulo con manos temblorosas.
Gracias, mi Dios, por haberme forjado en fuego.
Sentí la traición más fría,
la infidelidad más cruel que mi corazón pudo soportar,
y descubrí lo terribles que pueden ser quienes dicen amar.
No quiero verlo nunca más;
solo náuseas y asco recorren mi ser.
Pero, oh Padre Santo, ayúdame a soltar el rencor,
a dejar que su sombra se pierda en su propio abismo,
y que su camino lo transforme en hombre verdadero.
Señor, ayúdame a hallar la felicidad que solo Tú das.
Hoy renazco entre cenizas;
soy otra Scarlet,
y mis heridas se convierten en testimonio de Tu gracia.
No hay nadie como Tú, mi Dios,
mi guía, mi refugio, mi luz en la tormenta.
Quiero concentrarme solo en Ti,
obedecerte y amarte con un corazón limpio.
Este sendero está lleno de piedras,
pero Tú me haces tabla que esquiva,
muralla que protege,
y nada detendrá mi paso hacia Ti.
Los días parecen lentos,
pero siento Tu cuidado, tus palabras que iluminan,
Tu manto que envuelve mi familia y mi alma.
Señor, mi ruptura hiere,
pero me das fortaleza
y me enseñas que nada es imposible contigo.
Ayúdame a olvidarlo,
que en mi pecho no quede rastro de amor por él,
que solo Tú llenes cada vacío.
Aleja, Señor, a Satanás de mi camino,
guíame bajo Tu luz,
y que Tu manto celestial envuelva cada uno de mis pasos.
Te amo, mi Creador,
y siempre caminaré a Tu lado:
renacida, protegida, fuerte y llena de esperanza.
Fortaleza en Sus Manos
He aprendido a levantarme.
Dios me ha mostrado mi fuerza
y que puedo atravesar cada prueba
que aparece en mi camino,
aunque duela, aunque tiemble mi corazón.
Por más que la vida me golpee,
sus enseñanzas permanecen en mí;
su palabra es fiel, su promesa inquebrantable.
Todos pueden fallarme,
pero Él nunca.
Ahora debo sanar mis heridas,
recolectar los pedazos de mi corazón roto,
y reconstruirme poco a poco.
Mi alma ha sido golpeada,
la decepción y la traición dejaron cicatrices,
pero ya basta.
Entrega mi vida a sus manos,
mi corazón y mis sueños;
no necesito a nadie más para ser feliz,
solo a mi Padre generoso,
quien llena mi alma y completa mi alegría día tras día.
Es difícil soltar lo que amo,
pero confío en su guía.
Dios, dame fuerza para olvidar
el dolor, la pena, el desconsuelo,
y ayúdame a sanar lo que quedó roto en mí.
Perdona mis pecados; cada día deseo ser como Jesús.
La vida no termina aquí;
Dios tiene planes grandes y llenos de luz para mí.
Nunca me abandona,
seca mis lágrimas, cura mi corazón,
y elimina todo sufrimiento.
Mantendré mi fe y mi esperanza.
No quiero seguir las cosas del mundo;
no conocen el verdadero amor.
Lo primero siempre será el amor de Cristo,
el único que da paz y felicidad plena,
y que me acerca al corazón de Dios.
¿Qué importa el pasado?
Si me fallaron o traicionaron,
agradezco que Dios me abrió los ojos.
Solo Él conoce mis secretos más íntimos.
Él es lo primero, lo más importante.
Nada se compara a Él.
Eliminaré el odio de mi corazón;
solo habrá amor y bondad para mi Señor.
Te amo, mi Dios.
Alabado seas con la alegría de mis labios.
Cuídame siempre, no me abandones,
y aumenta mi fortaleza.
No esperaré mensajes de quien no me valora.
La persona indicada amará a Dios primero,
temerá su poder y jamás lastimará a una hija suya.
Resiliencia entre Sombras
Me siento tan cansada,
tan abrumada;
mi mente corre sin pausa,
pensamientos que chocan, decisiones que pesan.
Amistades a las que debo renunciar,
cosas que pensé que me hacían bien
pero solo me estorban.
El sueño que persigo se aleja,
difícil, esquivo, como un reflejo en el agua.
La rapidez de mis pasos
no trae los frutos que espero,
y mis noches se llenan de lágrimas.
El caos de mi cuarto refleja mi mente,
el desorden de mis días,
la prisa de la gente exigiendo más,
el frío que me adormece los dedos,
mi memoria traicionera,
mi caligrafía torpe,
mis viejos amores que dolieron.
Intento crear, escribir, dar forma a mis pensamientos,
y siento que cada esfuerzo me consume.
Estoy tan cansada que parece que muero,
pero no puedo rendirme.
Ese es mi poder y mi tormento:
soy demasiado fuerte para dejarme vencer.
He salido de hoyos profundos,
de agujeros oscuros donde nadie vino a salvarme.
Aprendí que, cuando todo falla,
solo Dios está conmigo;
solo Jesús, mi Salvador,
ha sido mi luz y mi guía.
Y aunque el cansancio me pese,
aunque la mente grite y el corazón tiemble,
sé que puedo seguir.
Resiliente entre sombras,
con mi fuerza,
con mi fe,
camino hacia la luz que nunca me abandona.
Entre Sombras y Renacer
De camino al trabajo, audífonos puestos,
mi batería al cien y el estrés del tráfico me envuelve.
La gente pasa, las luces me ciegan,
los faros se cruzan, todo me acompaña en silencio.
Pienso: algún día dejaré de existir
en un mundo que solo mira el dinero.
No puedo tener todo lo que deseo;
debo ser explotada para alcanzar ese sueño
que arde en mi pecho y parece tan lejano.
Qué difícil es ser humana,
qué doloroso tomar decisiones.
Golpeada y maltratada de niña,
sigo sintiéndome tan vacía como al nacer.
Fui un error, hago sin razón,
busco el significado del amor
resolviendo problemas de otros…
pero ¿quién resuelve los míos?
Hoy fue un día agotador,
pero también uno de aprendizajes.
Escuché un podcast sobre estabilidad emocional,
aprendí que nada se pierde realmente.
Todo es un proceso largo, lleno de sombras y luz,
solo debo encontrar el equilibrio,
apoyarme en mi fe, en Dios, en mi espiritualidad.
Jehová está conmigo; si no caigo,
es por Él.
A nadie le importas tanto como a Él.
Se aproxima un cambio,
una renovación de mi vida.
Salir de la zona de confort es doloroso,
pero necesario.
El dinero se recupera,
pero la felicidad no;
es más valiosa que todo.
Querido diario, me siento tan cansada,
con ganas de cerrar los ojos
y quedarme profundamente dormida,
solo para despertar a las seis de la mañana
esperando un sábado lleno de locura,
para perderme entre sueños y recuerdos.
Soy consciente de que me alejé de Dios,
culpable de buscarlo solo en mis momentos de necesidad.
En mis problemas busco ese amor,
esa ilusión que tanto anhelo.
Quiero que me amen, que me amen con todo,
con intensidad, con fuego, con entrega.
¿Acaso pido demasiado?
Mis ojos aún brillan de amor por Él,
pero se muestra cruel, indiferente, distante.
Yo no puedo soportarlo.
¿Cuándo se cerrará este diario
y quedará atrás el eco del amor que sentí alguna vez?
Es triste, lo sé…
pero todo eso quedará atrás,
como hojas secas que el viento se lleva,
dejando espacio para renacer,
para encontrar paz y fe de nuevo.
Hace unos días escribí una nota:
él siempre deja un sabor amargo,
una herida que duele en el pecho.
No quiero eso para mi vida.
Eso se termina aquí.
Lo último que dije sobre él:
ahí concluye todo.
Hoy camino entre luces y sombras,
entre sueños y desengaños,
pero mi fe es faro,
mi esperanza es escudo,
y mi alma sigue viva,
aún entre el caos,
firme, fuerte y renacida.